Dos maneras de administrar sus recursos humanos

Hace un tiempo un cliente me comentó que-  como estaban las cosas-  los empleados deberían ser más agradecidos del empleo que tenían y por ende ser más productivos en el trabajo.   No era necesaria motivación adicional, entendía el empresario.  De su parte bastaba con  ofrecer  empleos. La persona consideraba además  que  los empleados eran un dolor de cabeza; que  había que tenerlos con una ‘brida corta’- controlados y supervisados; que el mejor negocio era el que corría con el menor número de empleados posible.    Su visión  de empleados como un ‘problema’  no es socialmente aceptable pero sepa que  la comparten en privado muchos directores de empresa.  Es el pensamiento de que los empleados son un ‘gasto a controlar’.

Para muchas empresas la administración de sus recursos humanos es una frustración continua.  El ciclo comienza  reclutando la persona equivocada, que eventualmente se despide o renuncia; luego la empresa recluta nuevamente y el ciclo se repite.   Durante el proceso surgen conflictos  y  reclamaciones legales.  Se invierten recursos atendiendo estos asuntos, incluyendo los del nuevo reclutamiento y su re-adiestramiento.  No es casualidad que los seminarios laborales más concurridos son los que se trata sobre aspectos legales y disciplinarios.

Aunque saber de las leyes de empleo es importante, este conocimiento no le va a mejorar la relación con sus empleados.  Saber de leyes le ayudará  a protegerse de reclamaciones legales pero no a tener una fuerza laboral más productiva y comprometida.  Es como  el padre de familia que quiere mejorar las relaciones en su hogar y se capacita aprendiendo sobre las leyes de familia y de violencia doméstica.

Es muy importante proteger la empresa de reclamaciones legales.  Pero eso es solo el comienzo. Más que enfocarnos en el remedio, pensemos en cómo crear un taller de trabajo donde los asuntos legales ni siquiera tengan que discutirse.  Claro siempre habrá algún asunto- pero que sean los menos.

¿Qué tal si empezamos a ver la posibilidad de que los recursos humanos pueden llegar a ser – más que un costo a controlar –  un activo a desarrollar?  Pensemos en nuestros mejores clientes como modelo a seguir.

Los clientes nos patrocinan porque hacemos las cosas bien consistentemente, tenemos lo que buscan, confían, nos aprecian y se identifican con nosotros.  Esta relación no se destaca por el control si no por la relación de valor que hemos creado. Imaginemos ahora a la peor oficina de gobierno y nos vendrá a nuestra mente  muchas reglas y requisitos, indiferencia a nuestros reclamos, inflexibilidad y poca satisfacción.

Para muchos empleados, su empleo  se parece mucho a la relación que tienen con las agencias de gobierno. Para otros pocos,  en el trabajo se les trata como buenos clientes.  Lo irónico es que son nuestros empleados quienes definen la relación con nuestros clientes. Si el empleado es indiferente, así será su servicio.

Las relaciones con nuestros empleados pudieran ser como la que tenemos con nuestros mejores clientes- buena comunicación, lealtad y productividad.  Así sucede en las mejores empresas y usted puede comenzar a dirigir sus recursos humanos hacia esa dirección.

El cambio no sucederá  por casualidad.   Requerirá de su parte un compromiso consistente y a largo plazo.  Esto conllevará empezar  a tomar responsabilidad por el desempeño de sus empleados.

Si no está conforme con un trabajador mire a ver si reclutó la persona adecuada o la tiene en el puesto equivocado o no está siendo correctamente supervisada o evaluada, o el ambiente de trabajo es aburrido, o la compensación y beneficios no son competitivos, etc.

Los  recursos humanos son complejos.  Por eso  no todo el mundo logra una fuerza laboral comprometida  y productiva. Los que se deciden emprender ese camino, comenzarán a ver opciones y posibilidades que antes no estaban presentes.  Existen numerables talleres, seminarios  estudios y libros con casos documentados que le podrán asistir a transformar su lugar de trabajo.  Lo importante es comenzar.  De lo contrario siempre estará la otra alternativa.

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