Despido Constructivo

Hay ciertas ocasiones que una persona puede renunciar y entenderse que dicha renuncia fue en realidad un despido.  A eso se le llama un despido constructivo.  En caso de que alegue un despido constructivo, el trabajador tiene que demostrar que la única alternativa razonable era renunciar.

En el caso Felix A  Rivera v Fuller Brush,  2011 TSPR 25,  el Tribunal Supremo  publicó una extensa opinión sobre el tema.  Aquí les incluyo un resumen utilizando en gran medida el lenguaje de la opinión.

La presunción de despido injustificado que establece la Ley 80 no se activa hasta tanto logre persuadir al juzgador o juzgadora de ese hecho básico, entiéndase, de que su renuncia fue en realidad un despido tácito.

El patrono demandado siempre tendrá el peso de la prueba en cuanto la justificación del despido. Si se logra activar la presunción y la evidencia que presenta el patrono no la derrota, la presunción sobrevive y prevalece el obrero. Pero, para establecer el hecho base que da vida a la presunción, el trabajador tiene que probarlo, pero solamente tiene el peso de la prueba en cuanto al establecimiento del hecho básico. En lo demás, entiéndase la disposición final del pleito una vez se activa la presunción, la carga probatoria es del patrono.

Esto significa que, en cuanto a la controversia sobre la justificación del despido, el empleado cobijado por la presunción podría prevalecer en el pleito sin más evidencia que la misma presunción. No obstante, para activar dicha presunción, alguna prueba tiene que presentar inicialmente para demostrar la existencia del hecho base que la justifica…. que “sólo procede en aquellas instancias donde la prueba demuestra mediante inferencia razonable que la única alternativa razonable que tenía el empleado ante las condiciones de trabajo onerosas impuestas por su patrono (con el propósito de inducir o forzar su renuncia) era renunciar.

Hasta que no demuestre ese hecho básico a satisfacción del tribunal, no se activará la presunción provista por la Ley 80.

del empleado es dejar su puesto”.  Una vez activada la presunción de despido injustificado, el peso de la prueba se invierte y le corresponde al patrono demandado derrotar la misma.  Si la prueba ofrecida por el demandado no derrota la presunción mediante preponderancia de la evidencia, la presunción se sostiene y el demandante triunfará en su causa de acción.

 En el caso, la parte demandante limitó su prueba inicial al testimonio del señor Rivera Figueroa en el sentido de que, en varias ocasiones, el demandado le intentó persuadir de firmar un contrato que modificaría su relación del trabajo con el patrono, de empleado a contratista independiente. No surge del expediente que esos intentos hayan sido intimidantes, atropellados o que haya mediado presión indebida. El peticionario también alegó en su testimonio que el trato que le ofrecían en su empleo tras rechazar la oferta del patrono no era el mismo, era hostil, le trataban de codo, no le daban los buenos días y le eliminaron algunos beneficios como una cena de vendedores y privilegios relacionados con el estacionamiento. Por su parte, el patrono demandado alegó que el cambio de condiciones laborales fue para todos los vendedores y que no fueron de tal magnitud como para constituir un despido constructivo.

 La primera alegación del patrono es inmeritoria. El estándar para determinar si una actuación opresiva por parte del patrono contra un empleado es de tal magnitud que le obliga a renunciar no depende de que sea únicamente contra él. Es posible que el patrono haya creado condiciones de trabajo aplicables a varios empleados que les fuerzan a todos a renunciar. De ese ser el caso, habría un despido constructivo independientemente de que no haya sido dirigido específicamente contra cada uno de ellos de manera particular. Para determinar si una actuación patronal es constitutiva de despido constructivo lo decisivo es si por ello una persona razonable se puede sentir y en efecto se siente forzada a renunciar, lo cual puede ser el producto de condiciones onerosas dirigidas contra él o contra varios empleados.74 Por eso, el segundo argumento del demandado es el determinante, es decir, si el querellante presentó evidencia suficiente como para establecer que las condiciones impuestas por el patrono eran de tal magnitud como para equiparar la renuncia a un despido. En cuanto a esto, no hay nada en el expediente que nos permita alejarnos de la apreciación de la prueba hecha. Incluso, en este caso, tres de once vendedores renunciaron.

Sin duda, un trato frío en el lugar del trabajo y la cancelación de beneficios que ofrecía el patrono sin obligación a ello, como cenas a vendedores y privilegios de estacionamientos, resultan insuficiente para concluir que la única alternativa razonable para el señor Rivera Figueroa era renunciar.

Al no demostrarse a satisfacción del juzgador el hecho básico de que la renuncia era un despido constructivo, nunca se activó la presunción de despido injustificado que provee la Ley 80. Evidentemente, tampoco se invirtió el peso de la prueba y el demandante tenía la carga de probar su caso sin recurso a presunción alguna.

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