Bares y restaurantes responden por patrocinadores ebrios

En una norma que se aplicará en forma prospectiva, el Tribunal Supremo de Puerto Rico recientemente,  revocó al Tribunal de Primera Instancia y al Tribunal Apelativo, para imponer responsabilidad a los negocios que se dedican a la venta de bebidas alcohólicas, por accidentes causados por el consumo de bebidas alcohólicas.
La decisión se basa en un  análisis de las leyes en las diferentes jurisdicciones de los Estados Unidos, en leyes que se han ido aprobando en Puerto Rico sobre el consumo de alcohol y en otras disposiciones generales del Código Civil en el área de responsabilidad civil extra-contractual (Lopez v. Porrata Doria, 2006 TSPR 149).

Los hechos de este caso datan del 20 de agosto de 1993 cuando varios jóvenes llegaron a a un restaurante-barra del Viejo San Juan a las 10:45 de la noche y estuvieron allí ingiriendo bebidas alcohólicas hasta las 2:30 de la madrugada. Al salir del lugar fueron en busca de sus automóviles y en el camino estuvieron envueltos en un aparatoso accidente automovilístico. En este accidente uno de los conductores perdió la vida y otro resultó seriamente herido. El  fallecido arrojó 0.20% de alcohol/peso en la sangre.

Luego del accidente se radicaron varias demandas  y se incluyó como demandado al establecimiento comercial donde los involucrados consumieron alcohol.  El planteamiento era que el establecimiento había sido  negligente al venderle bebidas alcohólicas al joven fallecido a sabiendas, o debiendo saber, que éste conduciría un vehículo de motor al salir del lugar. Se alegó que esto había sido la causa del accidente.

Aunque a petición del establecimiento se dictó sentencia sumaria a su favor (o sea el tribunal entendió que el negocio no tenía responsabilidad), luego de todo el trámite procesal y luego de que el Tribunal Supremo tuvo el caso ante su consideración durante 6 largos años, determinó que en ciertas circunstancias, el establecimiento podrá ser responsable por hechos como los que se alegó en este caso.

En este caso en particular, el establecimiento no tuvo que responder porque la decisión se hizo en forma prospectiva (es decir para casos futuros), pero a base de este caso, los establecimientos comerciales deberán ser mas cautelosos al momento de servir bebidas alcohólicas. Se determinó en este caso que procede una causa de acción en daños y perjuicios bajo el artículo 1802 del Código Civil para responsabilizar a un establecimiento comercial por suministrar bebidas alcohólicas a una persona visiblemente intoxicada que posteriormente causa daños al conducir un automóvil bajo la influencia del alcohol, si se demuestra que dicho establecimiento actuó culposa o negligentemente y que existe nexo causal entre la venta negligente de alcohol y el daño causado.

Esto no significa que las personas que operan negocios de venta de bebidas alcohólicas vengan obligadas a suministrar pruebas para determinar el contenido de alcohol en la sangre de sus clientes. El caso lo que se refiere es estos  negocios están sujetos a un comportamiento responsable según las circunstancias de cada caso en particular. Según señala el caso “los síntomas de intoxicación varían según la persona y sus circunstancias particulares. Dependerá de la sustancia y cantidad ingerida, ritmo de consumo, metabolismo del individuo y otros factores”.

Aclara el Tribunal Supremo que la norma que adoptó con este caso no constituye una norma de responsabilidad absoluta para los negocios de venta de bebidas alcohólicas.  Habrá responsabilidad: “si las circunstancias posteriores a la entrada del cliente al negocio eran tales que el empleado o dueño sabía, o debía saber, que la persona estaba visiblemente intoxicada, a la luz del estándar del buen padre de familia que impone nuestro ordenamiento civilista, y que con toda probabilidad conduciría un automóvil al abandonar su negocio”. De acuerdo con la nueva doctrina, el establecimiento que responde es aquél que previó o pudo haber previsto las consecuencias racionales de continuar suministrando bebidas alcohólicas a personas visiblemente intoxicadas”.

Cada caso es diferente y corresponderá al tribunal  mediante preponderancia de prueba evaluar si hubo culpa o negligencia en la venta de bebidas alcohólicas y si resultaba previsible que el cliente conduciría un vehículo de motor. El Tribunal hace mención de la Ley 470 del 23 de septiembre de 2004, que  le impone  a los negocios con licencia para el expendio y venta de bebidas alcohólicas a consumirse en sus predios, la obligación de colocar un rótulo en un área visible alertando a los consumidores  que se le proveerá ayuda para obtener alternativas de transportación segura. Esta ley también impone la obligación de: “asistir a los consumidores para obtener alternativas de transportación segura si lo solicita. La asistencia proveerá el mínimo de tres (3) llamadas telefónicas a personas o proveedoras de transportación sin costo para el consumidor”.

Al momento de evaluarse si hubo negligencia del negocio, mas vale que el mismo haya cumplido con esta ley, porque el no hacerlo podría ser un factor importante al momento del tribunal decidir.

El Tribunal Supremo añade que: “viola el deber general de corrección y de prudencia aquél que actúa en claro menosprecio de la seguridad de los demás, al vender bebidas alcohólicas irresponsablemente a sabiendas del riesgo que crea. Después de todo, la concesión de una licencia es un privilegio y no un derecho.  Quien se lucra económicamente de una actividad que pone en riesgo la salud y vida de las personas tiene el deber de actuar prudente y diligentemente. Existe en nuestro ordenamiento un deber moral, social y jurídico de parte no sólo del que consume sino también del que se lucra del suministro de bebidas alcohólicas de actuar responsablemente”.

Los efectos negativos más frecuentes por el consumo de alcohol se clasifican por sus efectos en el sistema neuromuscular (temblores, nerviosidad, problemas de coordinación de piernas y rodillas, lengua pesada, mareos, sueño y dolor de cabeza), en el sistema gastrointestinal (nauseas, vómitos, diarreas, dolor de estómago, acidez y pérdida de apetito) y efectos mentales (pérdida de la memoria, depresión, mal humor, agresividad, tristeza y des-inhibición) (Dept. de Servicios Contra La Adicción, Edna Cruz, Magnitud y Patrones de Consumo de Alcohol en Puerto Rico, 1983).

Concluye el Tribunal que algunos de estos síntomas de intoxicación se manifiestan en el comportamiento de manera que, ordinariamente, pueden resultar suficientes, por sí solos o unidos a otras circunstancias, para alertar a una persona de diligencia normal u ordinaria que el bebedor está intoxicado. Por esta razón el Tribunal  adoptó en este caso el concepto de “visiblemente intoxicado“,  desarrollado en el derecho común norteamericano para limitar el ámbito de responsabilidad en estos casos; y añade “que el deber comienza al primer indicio de intoxicación, para así evitar el riesgo potencial que representa un conductor ebrio en nuestras carreteras”.

Este es un caso muy importante que le atribuye responsabilidad, no solo al que consume sino al que  sirve la bebida en el establecimiento. No será tarea fácil para los establecimientos- quienes deberán implantar nuevos procedimientos y adiestrar a sus empleados; pero ciertamente se creará mayor conciencia al momento de servir un trago más.

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